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Casa Museo del Ratón Pérez (Madrid)

Son muchos los personajes infantiles que hacen volar la imaginación de los niños de todo el mundo. Hadas, duendes, príncipes, magos y dragones conviven con bonitas leyendas como la de San Nicolás, los Reyes Magos de Oriente o incluso Harry Potter. Todos ellos provienen de países de fantasía o muy muy lejanos. Por eso, el personaje del que os voy a hablar hoy, os resultará familiar, cercano y muy conocido. Señoras y señores os presento al Ratón Pérez.

 

Todos los niños del mundo saben que el primer diente de leche que se les cae, tiene que ponerse debajo de la almohada antes de irse a dormir. Al día siguiente el diente habrá desaparecido y en su lugar aparecerán unas monedas o un pequeño regalo. El culpable es el Ratón Pérez, ilustre madrileño, que lleva más de un siglo entregado a la causa más noble, la felicidad de un niño.

 

Figura 1.- Portada de la segunda edición de “Ratón Pérez” (1911).

 

Ratón Pérez vive en Madrid, en la Calle Arenal nº 8, en el lugar donde antiguamente se encontraba la Confitería Prast. Su casa es una caja de galletas inglesas marca Huntley, que está situada detrás de un enorme montón de queso de gruyere. Allí vive con toda su familia: su esposa, la Ratona Pérez, sus hijas Adelaida y Elvira, su hijo Adolfo y el aya Miss Old-Cheese, “ratona inglesa muy ilustrada”. Todo esto lo sabemos gracias al Padre Coloma, jesuita y académico, escritor de cuentos infantiles y muy amigo de la Casa Real Española.

 

Corría los últimos años del siglo XIX cuando al pequeño Rey Alfonso XIII se le cayó su primer diente. Era este un niño muy aprensivo, que incluso tenía miedo de cortarse el pelo. Por eso, su madre la Reina Regente Maria Cristina, encargó a Luis Coloma una pequeña historia para que el pequeño príncipe no quedara traumatizado.

 

Figura 2.- Entrada de la Casa-Museo del Ratón Pérez.

 

El genial escritor se basó en una antigua tradición para crear una pequeña novelita en la que el rey niño Buby I conoce al Ratón Pérez y le acompaña hasta la calle Jacometrezo a cambiar el diente de un niño llamado Gilito por una moneda de oro. Gilito es muy pobre, no tiene ni mantas para arroparse, cosa que hace que Buby I quede conmocionado e intente ayudar desde ese momento a todos los súbditos de su reino.

 

No hace falta decir que el Buby era en realidad el pequeño Alfonso, el cual quedó fascinado con la historia. Esta narración tiene un marcado sentido católico, ya que Buby se da cuenta de que todos los habitantes del reino son “sus hermanos menores” porque rezan por la mañana el padrenuestro, como lo hace él.

 

Para todos los niños del mundo, y para los mayores que crean en la fantasía, podemos encontrar en la primera planta del edificio de la antigua confitería Prast, un pequeñito museo dedicado a este personaje. La visita cuesta 1€ y está narrada por una simpatiquísima guía. Además, el ayuntamiento Madrid colocó en la planta baja del edificio una placa conmemorativa y una estatuilla donde podemos ver al pequeño ratón según lo describe el Padre Coloma.

 

Figura 3.- Pequeño monumento al Ratón Pérez.

 

Estos son los secretos que guarda Madrid, una ciudad con gran historia, y con hermosas leyendas.

                                                   Juanma

 

 

Todas las fotos están hechas por mí.

 

Casa-Museo del Ratón Pérez. C/Arenal, nº 8. 1º, 28013 Madrid.

Tlf, 91 522 69 68. www.casamuseoratonperez.com.

Correo electrónico: ratonperez@casamuseoratonperez.es

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Melancólica Lisboa, grandioso Belém.

Hace tiempo que tengo en mente escribir un artículo sobre la capital de Portugal. Pasé varios días de verano por esos lugares y el recuerdo fue agridulce. Puede que fuera por mi bajo estado de ánimo o mi cansancio extremo, pero no disfruté todo lo posible de esta ciudad. Ahora, recordando aquel viaje, viendo fotos, comentando anécdotas, me doy cuenta de las maravillas que se esconden en los pequeños rincones lisboetas. Si os apetece, acompañarme en un viaje por la “Ciudad de las Siete Colinas”.

 

 

Figura 1.- Panorámica desde el Castillo.

 

Unida en cuerpo y alma al estuario del Río Tajo, esta ciudad portuaria extiende su entramado urbano desde la tierra al agua, mostrándonos toda su belleza desde la orilla opuesta, en inmensa panorámica de altos contrastes. Porque señores, estamos en una ciudad de contrastes. Igual podemos encontrar una casa en ruinas en medio de una zona de palacios de ricos, como podemos encontrar un riquísimo palacio en una zona de pobres.

 

Son casi 600.000 almas las que habitan la mayor ciudad de Portugal, por lo que no encontraremos los agobios de otras capitales europeas, pero tampoco encontraremos los servicios de estas. Lisboa es una ciudad para disfrutarla en sus tranvías, en concreto el 28, que nos lleva por la zona más turística de la ciudad. Y una vez te bajas del tranvía: a pasear, subiendo cuestas, entrando por callejas, recodos, rincones cargados de historia.

 

Todas las excursiones por Lisboa deben empezar en la inmensa Praça do Comercio. Lugar de indiscutible reunión, nos muestra tres enormes lados porticados, en cuyo eje central se incrusta el bello Arco do Triunfo. El cuarto lado, se encuentra abierto al Tajo, formando una especie de complejo arquitectónico-natural. Como toda plaza que se precie, cuenta con una estatua ecuestre en su centro: la de D. José I.

 

 

Figura 2.- Praça do Comercio.

 

Estamos situados en el Bario de la Baixa, mandado construir por el Marqués de Pombal sobre las ruinas que originó el famoso terremoto de Lisboa, ocurrido en 1755. Las calles que aquí nos rodean forman un entramado cuadricular, con calles principales que son cortadas por otras secundarias. Sus edificios siguen una sobria arquitectura, donde las ventanas se multiplican por mil, como se puede apreciar en la Rúa Augusta.

 

En este barrio no debemos irnos sin subir al peculiar Elevador de Santa Justa, obra del S. XIX firmada por G. Eiffel., desde el cual se contemplan bellísimas panorámicas de toda la zona. Desde aquí, vemos la teatral Praça do Pedro IV, más conocida como del Rossio, o la contigua Praça da Figueira.

 

Desde este elevador accedemos al Bairro Alto al encontrarnos de lleno con las fastuosas ruinas de la Igleja do Carmo. Este barrio se caracteriza, a parte de por ser el único que sobrevivió al terremoto,  por una serie de callejillas estrechas, algo oscuras, pero también por ser una zona de marcha para la juventud o por sus Casas de Fado, entre la que destaca “A Severa”, toda una institución.

 

Figura 3.- Restaurante “A Severa”.

 

En A Severa podemos disfrutar de una deliciosa cena acompañada por una soberbia selección de fados por 40€. El coqueto restaurante está decorado con bonita azulejería portuguesa y coronado por un techo con vigas de madera. Aquí el turista encontrará el mejor folclore portugués al escuchar esas melancólicas canciones, a la luz de las velas, cantadas por un grupo de fadistas que se entregan a los comensales con toda la pasión que pueden expresar.

 

Y como si diéramos literalmente un salto de colina a colina de la ciudad, nos adentramos ahora en el complejo de barrios más auténtico y con más encanto de todo Lisboa: el barrio del Castelo y el de Alfama.

 

El poderoso Castelo de São Jorge corona el mas alto de los siete cerros y extiende sus murallas por la ladera atrapando, actualmente claro está, unos coquetos jardines en por los que se pasean aves exóticas. Desde aquí, las vistas de la ciudad son inmensas panorámicas difíciles de igualar en grandiosidad.

 

Figura 4.- Callejas en Alfama.

 

Las callejuelas que rodean el castillo, se funden con las del bario de Alfama para entregar al visitante una ración de singularidad en el medio urbano. Las estrechas y laberínticas rúas guardan la esencia del Portugal más profundo. Sin embargo, es lamentable el estado de conservación y limpieza de la zona. Es muy necesaria una inyección económica que revitalice un barrio tan bello como ruinoso.

 

La Sé Catedral (S. XII) aparece como una gran mole. Parece más castillo que iglesia y la austeridad se hace reina del conjunto. Como todo en el barrio, parece que se va a caer a cachos. Sin embargo, el interior de esta catedral románica nos guarda alguna sorpresa, como trabajados sepulcros, interesantes capillas o un claustro en el que se debería poner un cartel que dijera: peligro, ruina.

 

Pero no todo en esta ciudad está en pésimo estado de conservación. En las afueras, en el Barrio de Belém, encontramos maravillas arquitectónicas sin parangón en todo el mundo: la coqueta Torre de Belém y el soberbio y espectacular Monasterio de los Jerónimos.

 

Figura 5.- Monasterio de los Jerónimos, claustro.

 

Es un verdadero orgullo para esta ciudad tener un complejo monumental de tal envergadura. El Monasterio de los Jerónimos (S. XVI y estilo Manuelino) se muestra como una inmensa montaña de piedra labrada con los más variados motivos. La iglesia, de grandísimas proporciones, nos da una lección de arte religioso portugués. Pero es el claustro, fascinante para cualquier ser humano que lo contemple, el que hará que jamás olvides este gran monumento.

 

Cerca del monasterio se encuentra el Monumento a los Descubrimientos (S. XX), que parece indicarnos que el agua que corre a sus pies, hace tiempo llevó a la mar a los más grandes viajeros de la historia portuguesa.

 

Figura 6.- Torre de Belém.

 

Pero es en la Torre de Belém, donde los paisajes naturales se mezclan en armonía con lo humano para proporcionarnos la fusión perfecta entre el arte y la naturaleza. Desde esta bonita fortificación se contempla la mejor panorámica del Puente 25 de Abríl. Y desde aquí, es el rincón perfecto para despedirse con un buen sabor de boca de Lisboa, la ciudad de la melancolía…

 

¿He dicho con un buen sabor de boca? Perdón, si quieres despedirte así de Lisboa no tienes que ir a la Torre de Belén, sino quedarte junto al monasterio para saborear en La Antiga Confeitaria de Belém los riquísimos Pasteis de Belém. Es entonces cuando nos despediremos con un buen sabor de boca.

 

Figura 7.- Pasteis de Belém.

                                           

 

                                                                                                                juanma

 

Todas las fotos están hechas por mi.

 

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Navalcarnero, la tierra del vino.

Bienvenidos a Navalcarnero. Es tierra castellana, de buen vino, de sabrosos asados y ricos garbanzos. Si gustáis en acompañarme en un paseito por esta villa, os mostraré, que cerca de la gran metrópoli madrileña, hay un mundo por descubrir. No todos los pueblos del sur madrileño han perdido su patrimonio. Afortunadamente Navalcarnero lo ha recuperado para nosotros. Bueno, incluso lo ha aumentado notablemente.

 

Hace ya más de 500 años, gentes segovianas fundaron Navalcarnero, en unos lugares conocidos como La Perdiguera. Al pasar poco más de un siglo de su fundación, se emancipa de Segovia, convirtiéndose en Villa. Pero no se conformaron los vecinos de este pueblo de vivir en una villa ya que la estamos en la “doblemente villa” de Navalcarnero.

 

                 

Figura 1.- Casa Blasonada de arquitectura toledana. (Casa de la Cultura).

 

Este doble título se debe a la efeméride más importante que ha ocurrido por estos pagos: la boda real del Rey Felipe IV y la archiduquesa Doña Mariana de Austria. Tuvo lugar el 7 de Octubre de 1649 y como agradecimiento el monarca le concedió el título de Villa Real, siendo entonces la Villa de Villa Real de Navalcarnero.

 

Pasear por su pequeño casco antiguo es una delicia. Aquí se siente Castilla por todos sus rincones. Casas toledanas, con ladrillo visto y mampostería, comparten espacio con muros encalados donde  aparecen pequeños ventanucos. Pero también hay casas blasonadas, donde los grandísimos ventanales están protegidos por recias rejerías de forja.

 

Al llegar al corazón, alma y vida de este caserío, la Plaza de Segovia, te darás cuenta de lo bien que se hacen las cosas cuando el hombre quiere. Es una plaza porticada comenzada a construir en el siglo XVI. De forma irregular, sus fachadas son de colores, algunas con balcones corridos y donde todo aquél que llegue a la Real Villa, debe situarse en el centro y contemplar…

 

                 

Figura 2.- Plaza de Segovia.

 

En este espacio público, se encuentra el Antiguo Ayuntamiento, hoy oficina de turismo. Y muy cerquita, vigilando los poderes civiles, encontramos la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Este edificio religioso se empezó a construir en el Siglo XVI y además de su bellísima torre mudéjar, guarda en su interior varias capillas y retablos muy interesantes.

 

Como estamos en tierras de excelente vino, hay un museo dedicado a él. El Museo del Vino lo encontramos en la Plaza de Alonso de Arreo y se aloja en una antigua bodega del siglo XIX. Lo más destacable, es la cueva escavada a mano hace más de 300 años.

 

Por todo el municipio se dispersan bellos monumentos, a veces reconstrucciones fidedignas de los originales que allí se encontraban, otras bellas esculturas de temática diversa, como la dedicada a los Bailes Regionales. He de reconocer, que mi corazón se iluminó al verla.

 

                 

Figura 3.- Monumento a los Bailes Regionales.

 

Algo tiene este pueblo madrileño que me tiene enamorado. Si hay algún lugar de la Comunidad de Madrid donde me gustaría vivir, Navalcarnero, sin duda alguna, es mi sitio.

                                                                                Juanma

 

Las fotos están hechas por mí.

Más información en http://www.ayto-navalcarnero.com            

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La Gomera. Leyendas y naturaleza en cada rincón.

 

Que la Gomera es una isla única en el mundo, es evidente, no hay por qué decir que su geología, vegetación y fauna forman un universo que parece paralelo al nuestro. El turismo ha querido salvaguardarla en mayor medida de los desastres constructivos, y todavía hoy se conservan maneras de vivir que se remontan a los primeros años de colonización.

 

Quien llegue a la Gomera desde Tenerife, lo hará en un Ferry que atracará en la capital de la isla: San Sebastián de la Gomera. En esta pequeña ciudad podrás abastecerte de todo lo que no vas ha encontrar en los demás rincones isleños.

 

                               

Figura 1.- Torre del Conde. San Sebastián de la Gomera.

 

Su monumento principal es la Torre del Conde (S. XV), poderoso torreón defensivo construido con cantería volcánica totalmente integrado en un cuidado parquecito. La Iglesia de la Virgen de la Asunción tiene origen gótico y forma una coqueta placita junto a los edificios de viviendas que la rodean.

 

Sería un gran privilegio recorrer La Gomera a pie, por sendas agrestes, llenas de fuerza y encanto, pero siendo realista, el coche es la mejor y casi única opción de llegar a las fabulosas maravillas naturales que nos aguardan.

 

Mucho es lo que hay que decir del  Parque Nacional de Garajonay, pero creo, o espero, que todo el mundo habrá visto fotos de esta reliquia del Terciario. Este bosque de laurisilva, declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, es verdaderamente una maravilla natural. Es muy difícil describir la sensación que se tiene mientras se pasea por bosques inmensos de árboles milenarios, con esa bruma misteriosa que aparece allá por donde camines…

 

                               

Figura 2.- Parque Nacional de Garajonay. Laurisilva.

 

Para los amantes de las leyendas bonitas, decir que el nombre proviene de una historia de amor: la de una princesa de la Gomera llamada Gara y un muchacho tienefeño de nombre Jonay. Como es normal en estas historias, era un amor imposible, ya que la familia de ella se oponía. Por esto, los enamorados corrieron hasta el pico más alto de la isla. Entonces en un alarde de amor apasionado, los dos murieron al atravesarse con una lanza, uniendo sus cuerpos y nombres para siempre. Aún hay gente que dice escuchar su grito lastimero en el viento….

 

Además por toda la isla se puedes ver impresionantes Roques, especie de domos de lavas ácidas que parecen grandísimos dedos señalando al cielo. La verdad es que las maravillas geológicas igualan o incluso superan a las biológicas. El fabuloso Acantilado de Los Órganos me da la razón…

 

                         

Figura 3.- Parque Nacional de Garajonay. Mirador de los Roques.

 

Varios pueblecitos se esparcen por la isla, como Tamargada, Vallehermoso, Hermigua…. En todos ellos podrás contemplar bonitas balconadas canarias y casitas construidas con cantería de lava. Muchas veces estas casas se sitúan en barrancos, desafiando las leyes de la gravedad.

 

Como casi todos los núcleos poblacionales se sitúan en los valles, antaño era muy difícil hacer llegar a los vecinos diversas mercancías. Por eso, existían unos artilugios, como poleas, que unían las casas con los caminos situados en los altos. Así, se podían hacer intercambios de cosas sin tener que subir o bajar por cuestas de vértigo.

 

                                      

Figura 4.- Panorámica de Vallehermoso.

 

Pero la palma de las curiosidades isleñas se lo lleva el silbo gomero. Parece mentira que este medio de comunicación tan rudimentario aún siga utilizándose. Y no solo eso, sino que se da como asignatura optativa en los colegios gomeros. Me parece una idea excelente, todos debemos conservar y mantener nuestras señas de identidad.

 

Y por último, lo más importante: la gastronomía gomera. El alimento más peculiar es el almogrote gomero, una riquísima pasta de queso de cabra con pimentón. Untado en pan tostado es realmente delicioso. También destacan los gustosos guisos de cabra, las papas arrugás y el potaje con mijo.

 

Personalmente creo que esta isla es el lugar perfecto para retirarse una temporada. Y si puede ser en una casa rural en la ladera de un enorme barranco abierto al mar, pues ya es un sueño hecho realidad.

                                             juanma

 

  Todas las fotos están hechas por mi. 

 

 

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Horcajuelo de la Sierra, coqueta arquitectura en un entorno natural inmenso.

Los madrileños somos muy dados a “salir de Madrid”, sin pensar en que dentro de nuestra comunidad tenemos paisajes, monumentos y tradiciones de extraordinario interés. Por eso, la Sierra del Rincón, o Sierra Pobre, sigue siendo desconocida para una amplia parte de la población madrileña.

                      

Figura 1.- Horcajuelo de la Sierra.

 

La Sierra del Rincón, en su parte declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO, la compone una serie de encantadores pueblecitos de piedra integrados en un paisaje montañoso, lleno de verdor en primavera, y cubierto de blanco en invierno. Son cinco los ayuntamientos que ceden su término municipal a este espacio de alto valor ecológico: Montejo de la Sierra, Horcajuelo de la Sierra, La Hiruela, Prádena del Rincón y Puebla de la Sierra. Hoy nos pasearemos por Horcajuelo de la Sierra.

 

Horcajuelo de la Sierra es un pueblecito madrileño que en los años 60 del siglo XX casi quedó despoblado. Pero gracias a una serie de lentos procesos de embellecimiento, protección de la arquitectura tradicional y una posterior conservación del medio natural, el censo demográfico ha ido aumentando tímidamente hasta alcanzar los 105 habitantes.

                                      

Figura 2.- Arquitectura serrana.

 

Pasear por las calles de este caserío serrano es una delicia. En cualquier rincón aparecen casitas de piedra, normalmente de dos plantas y sobrao, con tejados cubiertos por teja árabe. Coquetas fuentes acompañan a poyos de madera, un potro de herrar o a escalinatas que parecen subir o bajar a rincones de misteriosa belleza.

 

Las construcciones modernas respetan fielmente la arquitectura de antaño, pero sin renunciar a las comodidades actuales. Es muy fácil aquí encontrarse verdaderas mansiones de rico construidas al estilo del pobre. Además, se “reciclan” herramientas de antaño, como el curioso uso que se hace de las antiguas trillas, que se utilizan como portones de entradas a los corrales de las casas.

                               

Figura 3.- Unas puertas muy trilladas.

 

Pero para conocer fielmente las herramientas, el modo de vida y las prendas de vestir que utilizaban nuestros abuelos y bisabuelos,  nos debemos pasar por el Museo Etnológico de Horcajuelo. En un singular edificio de fachada semicircular se instaló, en 1997, este espacio cultural repleto de objetos relacionados con nuestro cercano pasado.

 

El museo se divide en tres partes, distribuidas en las tres plantas del edificio. En la planta baja encontramos el establo,  donde además encontramos aperos de labranza y los útiles para la matanza. En la segunda planta, la coqueta cocina con su horno destaca sobre todo el conjunto de estancias del hogar. Por último, en el sobrao podemos contemplar varios trajes tradicionales de esta región.

                             

Figura 4.- Cocina del museo.

 

Pero el festival de etnografía no acaba aquí. Como buen complemento a la visita de este museo, podemos acudir a la Fragua. Se trata de la antigua fragua del pueblo, que ha sido rehabilitada para el turismo. Lo que más llama la atención es el gran fuelle con el que se mantenían bien calientes las brasas para calentar el hierro.

 

Los edificios religiosos de este pueblo son los comunes: ermitas y la iglesia parroquial. Esta última está dedicada a San Nicolás de Bari. Se trata de una sencilla iglesia, de una sola nave, que guarda en su interior varios retablos barrocos. Aunque el edificio actual data del siglo XVII, conserva una bonita capilla gótica del siglo XV. Es muy recomendable su visita, ya que es de las pocas de la zona que no fue bombardeada durante la Guerra Civil Española.

                         

Figura 5.- Iglesia de San Nicolás de Bari.

 

Pero si no eres amante del arte, pero si de la buena mesa, cuenta Horcajuelo de la Sierra con un palacio de la gastronomía. En un edificio de nueva construcción, integrado totalmente en el medio rural, encontramos La Posada de Horcajuelo. Este establecimiento rural nos ofrece además de alojamiento, un restaurante donde disfrutar de la gastronomía local.

 

Su cocina tiene una indudable base castellana, pero aúna tradición y modernidad. Sus deliciosos judiones estofados, el riquísimo camembert frito con salsa de arándanos o las exquisitas, repito, exquisitas habitas con lomo y huevo son todo un regalo para el paladar. Además, también ofrece su carta sopas castellanas, chuletitas de cordero con patatas revolconas, revueltos de setas de la zona o asados, eso si, de encargo. Y de postre: el mejor bizcocho borracho de toda la región. El precio medio a la carta ronda los 30 euros por persona.

 

Figuras 6, 7 y 8. Judiones, Habitas y Bizcocho Borracho.

 

Si a todos estos motivos para visitar Horcajuelo de la Sierra le sumas un paisaje nevado…. ¡¡entonces no puedes olvidarte jamás de este viaje!! Los madrileños tenemos que conocer mejor nuestra región.  No dudes en visitar la Sierra del Rincón ya sea en coche o andando, sus lugares te cautivarán.

                       

                                                           juanma

 

 

Todas las fotos están hechas por mi.

 

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El Sol, fuente de belleza y de vida.

El Sol, nuestro Dios desde que los primeros seres humanos tienen el poder del pensamiento. Único en nuestro cielo, único en belleza, único en un poder de atracción que hace que nos fascine desde que nace, hasta que muere.

 

 

                 

 

Figura 1.- Amanecer en Las Caletillas (Tenerife).

 

No deja de ser una estrella más en el infinito universo que nos rodea, nada tiene de especial respecto a otras, pero es nuestra, solo nuestra. Dorado, amarillo, rojo fuego es nuestro cuerpo celeste. Nos ofrece su luz y su calor, que aceptamos para nuestra vida, y nos regala unas imágenes bellísimas. Pero si a este Sol, se le une el mar…. Ahí, solo ahí, el infinito se hace poesía.

 

                                            

 

Figura 2.- Amanecer en el Delta del Ebro (Tarragona).

 

Además este Sol, que tiñe el cielo de sangre, que lo baña de tonos ocres, naranjas y amarillos, que le roba su azul intenso, crea espectáculo cada noche que se muere para resucitar con el día.

 

 

                          

Figura 3.- Atardecer en Tenerife.

 

Pero si el cielo es azul, ¿porqué el sol tiene el poder de tornarlo rojo? Voy a tratar de explicaros de una manera muy sencilla esta cuestión. Además así os doy a conocer otro campo de la geología: los fenómenos atmosféricos.

 

 

El sol emite diferentes tipos de radiación: infrarroja, luz visible y radiación ultravioleta. Nosotros nos vamos a quedar con la luz visible. Esta luz visible emitida por el Sol choca con la atmósfera, cuyos gases no son capaces de absorber su radiación.

 

                              

Figura 4.- Atardecer en Praia Grande. Parque Natural de Sintra (Portugal).

 

Bueno, pues aunque los gases no puedan hacer nada con la luz solar,  los miles de millones de partículas que hay en suspensión tienen el poder de reflejarla, desviándola de su camino, incluso devolviéndola al espacio. Este fenómeno, solo por curiosidad, recibe el nombre de dispersión o Scattering.

                                       

Figura 5.-  Atardecer en Cabo Ortegal (La Coruña).

 

Cuando tenemos una atmósfera limpia se produce una dispersión que recibe el nombre de efecto Rayleigh, el cual afecta de forma diferente a las diferentes longitudes de onda de la luz solar.

 

 

             

Figura 6.- Atardecer en Aveiro (Portugal).

 

Al amanecer y al atardecer, los rayos solares inciden de forma oblicua sobre la atmósfera, por lo que tienen que tienen que atravesar más atmósfera que al mediodía. Si los rayos atraviesan más atmósfera, se produce un mayor efecto Rayleigh, y las ondas con longitud más cortas se ven afectada por la reflexión difusa, y nos quedan sin alterar las ondas con colores rojizos y anaranjados. Por el contrario, cuando la luz solar atraviesa menos cantidad de atmósfera, las longitudes de onda que predominan son las que nos dan los tonos azulados y violetas del cielo.

 

              

Figura 7.- Atardecer en el Delta del Ebro (Tarragona).

 

¿Puede el cielo cambiar su color azul por otro permanentemente? Pues rotundamente si, todo depende de nuestro sol y su luz, todo depende de las ondas que nos lleguen, de cómo se filtren por nuestra atmósfera.

 

 

                        

Figura 8.- Puesta de Sol en Papatrigo (Ávila).

 

Hace millones de años seguramente el cielo fue violeta, o rojo, o incluso pudo ser amarillo. Que raro nos parece, sin embargo tiene una explicación sencilla. Así es la ciencia, esclarecedora de los mayores secretos, cuando puede adivinarlos.

 

                    

Figura 9.- Puesta de Sol en San Fernando. (Cádiz)

 

 

                                                                       juanma

 

Si queréis saber más, leeros el libro “Cambios climáticos. Una aproximación al sistema Tierra”. De Javier Martín Chivelet. Profesor de Geología de la Universidad Complutense de Madrid. De aquí he sacado toda la información.

Todas las fotos están hechas por mí.

 

 

 

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El presente en Las Hurdes.

 

Es muy difícil comenzar hablando de la comarca cacereña de Las Hurdes sin recordar su oscuro pasado. Pero es bien sabido que el pasado, pasado está y punto y final. Nada queda ya de esos momentos tan difíciles para la supervivencia humana. Bueno algo queda. Unas tradiciones legadas del arte de la subsistencia, del arte de curar con lo que te ofrece el medio, del arte constructor de la piedra.

 

                                         

Figura 1.- Paisaje Hurdano. (Foto del Autor).

 

La ruta que os propongo comienza por una carretera de curvas de vértigo que cruza la Sierra de la Peña de Francia. La montaña está vestida por un denso pinar que acoge varios grabados rupestres, como la “Peña Rayá” en la alquería de Huetre. Estos pinares quedan despojados de su omnipresente verdor al ser sustituidos por el cultivo del olivo, el cual dará en un futuro un aceite de gran calidad.

 

El primer pueblo importante en la ruta es Casares de las Hurdes, donde Alfonso XIII y más recientemente Juan Carlos I y Sofía, reyes de España, hicieron una parada en su recorrido por la zona, quedando como importante efeméride en la actualidad.

 

                                   

Figura 2.- Rincón de Casares de las Hurdes (Foto del Autor).

 

Es una lástima que los pueblos y alquerías de la comarca no hayan sabido conservar su coqueta arquitectura en piedra, y la mutilación de la estética rural queda patente en cada caserío que se visita. Pero aún así, merece la pena darse un paseito por cualquiera de estas aldeas. En el caso de Casares de las Hurdes, los rincones con encanto todavía son abundantes, y las callejuelas estrechas, acompañadas por un soberbio paisaje, hacen que este pueblo sea imprescindible en nuestro recorrido por Las Hurdes.

 

En general, la arquitectura típica de la zona consiste en casitas de piedra, de uno o dos pisos, algunas con fachadas encaladas y balconcitos volados. Los tejados están bien protegidos por lajas de pizarra. Abundan los pajares o graneros, donde la puerta de entrada se situaba a gran altura, para proteger el contenido de los animales y del agua. En la alquería de Asegur podrás ver bonitos ejemplos.

 

Siguiendo el curso del río Hurdano aparecen varios pueblecitos, como Nuñomoral, Rubiaco o Vegas de Coria. Los paisajes son cambiantes, tornándose de pino a olivo a medida que bajamos en altura por los montes. Además, el río Hurdano nos ofrece bonitas postales, puentecitos curiosos y algunas zonas para un refrescante baño.

 

                                                         

Figura 3.- Batipuerta en Casar de Palomero.

 

Pero si cambiamos el río Hurdano por el río de los Ángeles, nos viene al encuentro en nuestro camino los pueblos de La Pesga, Rivera Oveja y el más importante de todos, Casar de Palomero. Los dos primeros núcleos poblacionales están situados en un entorno privilegiado, de agreste belleza, pero es el tercero el que nos llenará ese vacío monumental.

 

Casar de Palomero fue uno de esos pueblos en el que la Edad Media bendijo con el paradigma de las tres culturas: judíos, musulmanes y cristianos vivían juntos, pero no revueltos, delimitándose tres barrios que aún hoy en día es fácil descubrir. Sin duda alguna debió ser un pueblo muy bello, lástima que no se respetara una arquitectura mucho más que centenaria y en las calles conviva lo antiguo y bello con lo moderno y anodino. Pero aún así, es el pueblo más bonito de Las Hurdes, y donde todo amante de la historia debe dejarse caer.

 

                                              

Figura 4.- Judería de Casar de Palomero. (Foto del Autor).

 

El barrio judío puede que sea el mejor conservado, y es muy fácil encontrar bellísimos pasajes donde los aleros de las casas casi se besan, en un desesperado intento de apaciguar el frío y el calor. La morería, de casas encaladas también sorprenderá al visitante. El barrio peor parado es el cristiano, donde la piqueta, ha hecho demasiado  daño. En el centro de la población se encuentra una plaza porticada, donde se sitúa el ayuntamiento y alguna casa de buena factura. Dispersos por el caserío hay varios templos cristianos, siendo la Iglesia de La Cruz Bendita es el más importante.

 

Abandonamos Casar de Palomero en dirección a Caminomorisco, importante núcleo poblacional, y nos detenemos de nuevo en Pinofranqueado. Sin duda alguna aquí es donde encontramos las mejores zonas de baño, desde piscinas naturales, hasta un acogedor tramo del Río de los Ángeles, cruzado por un robusto puente por el que se pierde la carretera que nos alejará de esta comarca.

 

                                     

Figura 5.- Río de los Ángeles en Pinofranqueado. (Foto del Autor).

 

Más folclórica resulta la fiesta de La Enramá, declarada de Interés Turístico Regional. Como en muchos pueblos de España, se hace un sorteo de mozos y mozas, el cual servirá para un emparejamiento temporal. A este sorteo solo pueden asistir los hombres. Pero lo más interesante comienza el 24 de agosto. Los mozos se dirigen a la casa de “su novia”, acompañados por tamborileros, y allí la moza colocará un ramillete de flores en la solapa de la camisa de su afortunado novio.

                                                                                                                                                                                                          

Figuras 6, 7 y 8. Gastronomía local: migas, cabrito y puchas. (Fotos del Autor).

 

Es evidente que la gastronomía de la zona va ha ser humilde pero exquisita. El menú hurdano lo componen las ricas Migas al estilo hurdano, el Cabrito hurdano a la brasa y un postre llamado Puchas hurdanas. Estas “puchas” consisten en una especie de gelatina hecha con harina y agua y un toque de anís. Su sabor es especial, un poco extraño.

 

No quiero dejar de hablar de las interesantísimas Cruzianas que se encuentran en la zona. Estas pistas dejadas por los Trilobites hace cientos de millones de años, nos hablan del mar que ocupaba la zona en aquellos tiempos. Hay varias casas que en sus fachadas incorporan estos fósiles a modo ornamental.

 

                                             

Figura 9.- Cruzianas en Casares de las Hurdes. (Foto del Autor).

 

Don Miguel de Unamuno, en sus viajes por España, quedó prendado de la gran fuerza que emanan estos parajes. Eran malos tiempos cuando él honró con su presencia. Tiempos difíciles casi olvidados. Quien hoy en día diga que esta bellísima comarca es un foco de pobreza, malnutrición o de bocio, ya sabe lo que tiene que hacer: visitarla.

     

                                                                         juanma

 

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Entre bosques y palacios. Siente la magia de Sintra.

 

Si le preguntas a un portugués que en que lugar de su país habría más posibilidades de encontrarse con un duende, un hada o una princesa con su caballero, absolutamente todos contestarían: en Sintra.

 

En esta pequeña ciudad y en el paisaje que la circunda, declarado todo ello Patrimonio de la Humanidad, converge el gusto por la buena arquitectura con los paisajes de ensueño. Todo en ella parece haber sido construido para servir de decorado para un cuento infantil. Sus palacios, jardines, callejuelas o castillos se funden en un todo, salido de la imaginación de un niño.

 

En general las fachadas de las casas tienen tonos pastel, lo cual sirve para relajarse mientras se suben las empinadas calles de la ciudad. Es cansado recorrerla a pie, pero merece la pena. Para los menos valientes existen calesas en las que descubrir los bonitos rincones de Sintra en un romántico medio de transporte.                                                                                     

 

                                                  

                                    

                                           

Figura 1.- Pelourinho y torre de la Cámara Municipal. (Foto del autor).

 

El caserío que forma la ciudad está disperso por la ladera de la Sierra de Sintra. Se puede decir que los monumentos se reparten en tres zonas: la baja, donde se encuentran bonitas casitas, un pelourinho y algún palacete; la Vila Velha, con el Palacio Real por estandarte y estrechas callejuelas llenas de encanto; y en la cima de la montaña: el fantástico Parque y Palacio da Pena.

 

La parte baja del caserío que compone Sintra está dominada por las pintorescas calles que rodean a un pelourinho. Aquí se sitúa la Cámara Municipal, que se aloja en un bellísimo palacete de indudable estilo manuelino. Grandes mansiones y casonas de los más diversos estilos arquitectónicos aparecen rodeadas de coquetos jardines.

 

A medida que se sube por el empinado camino, el viajero se encuentra envuelto por una gran masa forestal donde surgen a un lado y a otro, impresionantes casonas. Ahora bien, toda la atención siempre irá, se quiera o no, al estrambótico Palacio Nacional de Sintra. Bueno, más que al palacio, a su inmenso par de chimeneas cónicas, que con el paso del tiempo se han hecho tan famosas, que forman parte imborrable de la visita a la ciudad.

 

                                                      

Figura 2.- Famosas Chimeneas. (Foto del autor).

 

La entrada al Palacio, muy recomendable,  cuesta 5€, gratuita para los estudiantes. Este colosal monumento se comenzó a construir allá por el siglo X y, desde entonces, todos los estilos arquitectónicos pasaron factura a sus muros. Muchas son las salas que componen el palacio, unas algo sosas, otras tan recargadas que hacen daño a la vista, pero en general poseedoras de una belleza única. La Sala de los Cisnes, la Sala Árabe, la Sala de los Blasones… son los nombres de algunas habitaciones, pero es la Sala de las Urracas la que guarda la más hermosa leyenda.

 

Cuentan unos, inventan otros que, a espaldas de la Reina, el Rey rondaba a una bella dama. En acto de cortesía el soberano dio un “inocente” beso en la mejilla de la mujer y, acto seguido, las charlatanas damas de la corte corrieron arduas a difundir lo ocurrido. El rey afirmó que obró “para bien” y como venganza mando representar en el techo un gran numero de urracas, que representan a las cotillas cortesanas, sujetando con el pico la inscripción”Per Bem”junto con una rosa. Otras fuentes indican que no fue un beso, sino una rosa lo que regaló el rey a la dama, y de ahí que se represente cada urraca con una rosa. Bonita leyenda palaciega…

 

                                

Figura 3.- Techo de la Sala de las Urracas. (Foto del autor).

 

Punto y aparte del palacio es su cocina, de donde parten sus inmensas chimeneas. Sala de grandes dimensiones, es fácil imaginar los manjares que se guisaron en las perolas de cobre que se exponen. No menos deliciosos serían los asados, que al juzgar por el tamaño de las varas metálicas donde insertaban la carne, serían bien abundantes.

 

Callejear por lar rúas que rodean el Palacio es muy recomendable. La Torre del Reloj o  la Iglesia de São Martinho son algunos de los monumentos más importantes. Aquí se encuentran varios museos o tiendas y restaurantes donde saciar la sed, la consumista claro.

 

Ahora empieza la subida. Dependiendo de tu fuerza de voluntad, deberías ir andando, que seguro que es la mejor opción si dispones de tiempo. Para los que tenemos siempre prisa, el coche es nuestro sino, pero siempre acuérdate de aparcarlo a medio camino, porque luego es literalmente imposible.

 

                                

Figura 4.- Castillo de los Moros. (Foto del autor).

Seguramente este camino es una de las sendas más bellas que existen en Portugal. La espesa vegetación, formada por eucaliptos y otras especies de repoblación, hace que el frescor del bosque te rodee de inmediato. Varias mansiones de ricos actuales golpean al monte, hiriendo su ladera, a veces con acierto arquitectónico, otras con desidia humana.

 

Casi en la cima de la montaña, se encuentra el primero de los fabulosos monumentos que coronan la cima. El Castelo dos Mouros, originario del Siglo VII, protege con sus sólidas murallas un nada y un todo ya que hace mucho tiempo que dejó de ser útil su finalidad defensiva.

                           

Figura 5.- Palacio da Pena. (Foto del autor).

 

En la cima, en lo más alto, donde el caminante llega casi exhausto, ahí, ahí se encuentra el más colosal de los monumentos de Sintra. Parece que el fantástico Palacio da Pena quiere mirar con altiva soberbia todo el paisaje que le rodea, olvidándose por completo que su origen fue un humilde convento.

 

Este Palacio-Castillo, parece salir de un cuento Disney y es sin duda la máxima representación del romanticismo del siglo XIX en Portugal. Sus almenas, torreones y baluartes defensivos, conviven en desigual armonía con una bonita capilla o con recargadísimas portadas. Los tonos pastel aquí también hacen acto de presencia, incrementando más aún el ideal romántico. Las panorámicas desde sus almenas son bellísimas, merece mucho la pena dedicar un buen rato a la contemplación sosegada de la naturaleza. En el interior del palacio se alberga un buen muestrario de muebles del siglo XIX, obras de arte, muestras de azulejería portuguesa…

 

                              

Figura 6.- Bella panorámica desde el castillo.

 

Hay que aclarar que este exceso de lujo fue creado como capricho del esposo de la reina María II. Don Fernando de Saxe Coburgo-Gotha, por medio de su arquitecto, el barón Ludwig von Eschwege, hizo sus extravagancias realidad al comprar esta propiedad en 1838. Cual rey rico, no se conformó con su palacio, sino que todo el inmenso espacio natural fue modificado para construir un grandioso parque donde conviven estatuas de guerreros, lagos, capillas o hermosas fuentes. Todo este valioso patrimonio, es accesible al público general mediante el pago de una entrada que cuesta 11 €.

 

Es mucho el patrimonio que descubrir en Sintra, pero quería hacer un inciso desde mi humilde opinión: todo necesita una inyección económica para iniciar una buena restauración. El patrimonio se degrada con el tiempo, y para que no se pierda, hay que cuidarlo. A veces, una simple mano de pintura, haría resaltar más aún la impresionante belleza de este rinconcito de Portugal.

 

                                                                        juanma

 

 

Biliografía:

“Guía Total. Portugal”. Ed. Anaya Touring Club.

 

Podéis ver más fotos en mi álbum Región de Lisboa (Portugal): http://jmduende.spaces.live.com/photos/cns!457D141A2FED1A10!4570/?startingImageIndex=266&commentsExpand=0&addCommentExpand=0&addCommentFocus=0&pauseSlideshow=0

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Piedras llenas de vida, piedras llenas de arte: Cáceres ciudad Monumental.

 

 

Muchas veces hemos oído eso de “cuando llegas a tal ciudad parece que vuelves al pasado, que el tiempo nunca pasó por sus calles”. Entonces viajamos y asentimos: “es verdad, parece que regresas al medioevo”.  Te marchas satisfecho por descubrir otro rincón donde dejar volar tu imaginación y asumiendo que no encontrarás nada igual. Sin embargo, por casualidad y sin buscarlo, llegas a Cáceres. Ahí es donde te das cuenta que estabas equivocado…

 

Pocas ciudades en el mundo pueden igualar en armonía y belleza al casco antiguo de Cáceres. Es pequeño, eso si. Se recorre muy bien a pie en apenas unas horas, pero hay tal cantidad de palacios, casonas, iglesias y conventos que pueden pasar años antes de que descubras todos sus secretos.

 

Los romanos fueron los primeros en imprimir su huella en esta ciudad, que es parte imprescindible de la antiquísima Vía de la Plata, creyéndose su fundación hacia el año 35 a.C como una mansió romana. Pocos restos se conservan de esta época, pero importantes, como la estatua del Genio Andrógino.

 

Pero es un monumento formado por la amalgama de culturas el santo y seña de identidad de Cáceres: la bella Plaza Mayor. A modo de gran atrio este espacio público es el centro de reunión de visitantes y locales. Muchos siglos de historia ha visto pasar y muchos son los monumentos que la componen. Sus blancas casas, con soportales de piedra, puede evocar a la vieja Castilla, pero no hay duda que le sobra personalidad extremeña.

 

Se puede decir que tres son los monumentos más importantes de esta plaza: El ayuntamiento, la muralla y la Torre del Bujaco. La Casa Consistorial está ubicada en un edificio soportalado en cuya fachada principal se encuentra un gran balcón corrido que acoge una serie de ventanas de traza clasicista.

 

Figura 1.- Torre del Bujaco. (Foto del Autor).

 

La muralla, almohade del Siglo XII, protege toda la ciudad antigua. Está construida en sillarejo y mampostería de piedra berroqueña, muy abundante en el lugar. En ella se abren varias puertas o arcos. Sin lugar a dudas el más famoso es el Arco de la Estrella, del siglo XVIII y construido bajo la dirección de Manuel de Larra Churriguera.

 

De las 12 torres que todavía quedan en la muralla, destaca por encima de todas la Torre del Bujaco, contemporánea de la muralla y un prodigio de sobria belleza. Según dicen, acogió la masacre de 40 caballeros cristianos a manos de los moros, en tiempos de la reconquista. Junto a la torre, se adosó una ermita barroca.

 

Figura 2.- Casa de los Cáceres Ovando y Torre de las Cigüeñas.

(Foto del Autor)

 

El interior de la ciudad amurallada es un mosaico de palacios, la mayoría de estilo gótico,  renacentista o barroco.  Son muchos, variados y distintos, pero a cual más bello: Casa de los Cáceres Ovando y Torre de las Cigüeñas, Casa de los Golfines de Arriba, Casa de los Carvajal, Casa de las Veletas…Casi todas ellas con torres desmochadas, debido a una orden de la reina Isabel la Católica ,cuya finalidad era acabar con las disputas nobiliarias. El poder es de los Reyes, que quede claro.

 

En cuanto a los monumentos religiosos, el gótico es el estilo imperante en la Concatedral de Santa María la Mayor, en la Iglesia de San Mateo y en el Convento de San Pablo.  Solo la Iglesia de San Francisco, perteneciente al convento de la Compañía de Jesús rompe con lo establecido con su barroquísimo exterior. Dos poderosas torres encaladas parecen proteger el sagrado templo de “La Preciosa Sangre”.

 

Figura 3.- Concatedral de Santa María. (Foto del Autor).

 

No hay duda que la Concatedral de Santa María la Mayor es el monumento histórico-artístico más importante de la ciudad y muestra de su importancia histórica son sus numerosas sepulturas de nobles cacereños. Se comenzó a construir en el siglo XII y su estilo arquitectónico es una transición del románico al gótico. Del exterior del templo destacan  dos portadas góticas de arcos apuntados y una torre, de sobrio aspecto, rematada con cuatro pináculos. Del interior, gótico en su mayoría, sobresale un gran retablo plateresco (1550) realizado en madera de cedro por Guillén Ferrant y Roque Balduque. También hay que mencionar varias tallas de cristo en madera negra y un pequeño museo catedralicio.

 

Ya hemos hablado del legado que dejaron los romanos, musulmanes o cristianos en Cáceres. Pero ¿qué pasa con los judíos? Es bien conocido que en la provincia de Cáceres existen numerosas juderías, excelentemente conservadas y con un alto valor histórico y cultural. Claro, la capital no iba a ser menos ya que  su actual Barrio de San Antonio no es otra cosa que la antigua aljama judía.

 

No hace falta buscar en planos, guías o demás medios donde está o como encontrar este barrio. En seguida nos daremos cuenta que drásticamente la ciudad cambia sus edificios de piedra y de rancio abolengo, por coquetas casas de blancas fachadas encaladas con balconadas cuajadas de flores. La antigua ermita cristiana que da nombre al barrio, fue en tiempos la sinagoga judía.

 

Si nos sobra tiempo y queremos indagar más en la historia de Cáceres, a extramuros de la ciudad, además de la Plaza Mayor, también podemos encontrar otros monumentos interesantes, como el Palacio de la Audiencia, el de Godoy, el de los Carvajales, o las iglesias de Santiago o San Juan Bautista.

 

Figura 4.- Migas extremeñas. (Foto del autor).

 

Si hablamos de gastronomía, es imposible no mencionar las migas extremeñas, el delicioso queso conocido como “Torta del Casar”, las sopas canas o las tencas. Y para beber, los vinos de Cañamero o de Montánchez.

 

Muchas son las razones para conocer Cáceres, tanto la ciudad como la provincia entera. Todas estas razones se encuentran expuestas en el Centro de Interpretación de las Comarcas, lugar de imprescindible visita para el amante de la cultura y de la tradición del pueblo cacereño. Hazme caso, empápate de cultura, empápate de Cáceres.

 

                                                     Figura 5.-  Centro de interpretación de las comarcas.

 (Foto del Autor)

 

 

 

 

Para sabér más y bibliografía utilizada: 

– España de Punta a Punta. Editorial Anaya Touring Club.

– Extremadura I. Guías El Viajero. Editadas por El País.

Páginas web consultadas:

http://www.consultatodo.com/turismo/extremadura/turismoCaceresCiudad.htm

http://www.caceresjoven.com/paginas/turismo/monumentos/monumentos.asp

 

Podeis ver más fotos en mi álbum Provincia de Cáceres: paraiso histórico y natural:

 

http://jmduende.spaces.live.com/photos/cns!457D141A2FED1A10!4936/?startingImageIndex=54&commentsExpand=0&addCommentExpand=0&addCommentFocus=0&pauseSlideshow=0

 

 

 

                                                                                                                                                                                juanma

 

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