Melancólica Lisboa, grandioso Belém.

Hace tiempo que tengo en mente escribir un artículo sobre la capital de Portugal. Pasé varios días de verano por esos lugares y el recuerdo fue agridulce. Puede que fuera por mi bajo estado de ánimo o mi cansancio extremo, pero no disfruté todo lo posible de esta ciudad. Ahora, recordando aquel viaje, viendo fotos, comentando anécdotas, me doy cuenta de las maravillas que se esconden en los pequeños rincones lisboetas. Si os apetece, acompañarme en un viaje por la “Ciudad de las Siete Colinas”.

 

 

Figura 1.- Panorámica desde el Castillo.

 

Unida en cuerpo y alma al estuario del Río Tajo, esta ciudad portuaria extiende su entramado urbano desde la tierra al agua, mostrándonos toda su belleza desde la orilla opuesta, en inmensa panorámica de altos contrastes. Porque señores, estamos en una ciudad de contrastes. Igual podemos encontrar una casa en ruinas en medio de una zona de palacios de ricos, como podemos encontrar un riquísimo palacio en una zona de pobres.

 

Son casi 600.000 almas las que habitan la mayor ciudad de Portugal, por lo que no encontraremos los agobios de otras capitales europeas, pero tampoco encontraremos los servicios de estas. Lisboa es una ciudad para disfrutarla en sus tranvías, en concreto el 28, que nos lleva por la zona más turística de la ciudad. Y una vez te bajas del tranvía: a pasear, subiendo cuestas, entrando por callejas, recodos, rincones cargados de historia.

 

Todas las excursiones por Lisboa deben empezar en la inmensa Praça do Comercio. Lugar de indiscutible reunión, nos muestra tres enormes lados porticados, en cuyo eje central se incrusta el bello Arco do Triunfo. El cuarto lado, se encuentra abierto al Tajo, formando una especie de complejo arquitectónico-natural. Como toda plaza que se precie, cuenta con una estatua ecuestre en su centro: la de D. José I.

 

 

Figura 2.- Praça do Comercio.

 

Estamos situados en el Bario de la Baixa, mandado construir por el Marqués de Pombal sobre las ruinas que originó el famoso terremoto de Lisboa, ocurrido en 1755. Las calles que aquí nos rodean forman un entramado cuadricular, con calles principales que son cortadas por otras secundarias. Sus edificios siguen una sobria arquitectura, donde las ventanas se multiplican por mil, como se puede apreciar en la Rúa Augusta.

 

En este barrio no debemos irnos sin subir al peculiar Elevador de Santa Justa, obra del S. XIX firmada por G. Eiffel., desde el cual se contemplan bellísimas panorámicas de toda la zona. Desde aquí, vemos la teatral Praça do Pedro IV, más conocida como del Rossio, o la contigua Praça da Figueira.

 

Desde este elevador accedemos al Bairro Alto al encontrarnos de lleno con las fastuosas ruinas de la Igleja do Carmo. Este barrio se caracteriza, a parte de por ser el único que sobrevivió al terremoto,  por una serie de callejillas estrechas, algo oscuras, pero también por ser una zona de marcha para la juventud o por sus Casas de Fado, entre la que destaca “A Severa”, toda una institución.

 

Figura 3.- Restaurante “A Severa”.

 

En A Severa podemos disfrutar de una deliciosa cena acompañada por una soberbia selección de fados por 40€. El coqueto restaurante está decorado con bonita azulejería portuguesa y coronado por un techo con vigas de madera. Aquí el turista encontrará el mejor folclore portugués al escuchar esas melancólicas canciones, a la luz de las velas, cantadas por un grupo de fadistas que se entregan a los comensales con toda la pasión que pueden expresar.

 

Y como si diéramos literalmente un salto de colina a colina de la ciudad, nos adentramos ahora en el complejo de barrios más auténtico y con más encanto de todo Lisboa: el barrio del Castelo y el de Alfama.

 

El poderoso Castelo de São Jorge corona el mas alto de los siete cerros y extiende sus murallas por la ladera atrapando, actualmente claro está, unos coquetos jardines en por los que se pasean aves exóticas. Desde aquí, las vistas de la ciudad son inmensas panorámicas difíciles de igualar en grandiosidad.

 

Figura 4.- Callejas en Alfama.

 

Las callejuelas que rodean el castillo, se funden con las del bario de Alfama para entregar al visitante una ración de singularidad en el medio urbano. Las estrechas y laberínticas rúas guardan la esencia del Portugal más profundo. Sin embargo, es lamentable el estado de conservación y limpieza de la zona. Es muy necesaria una inyección económica que revitalice un barrio tan bello como ruinoso.

 

La Sé Catedral (S. XII) aparece como una gran mole. Parece más castillo que iglesia y la austeridad se hace reina del conjunto. Como todo en el barrio, parece que se va a caer a cachos. Sin embargo, el interior de esta catedral románica nos guarda alguna sorpresa, como trabajados sepulcros, interesantes capillas o un claustro en el que se debería poner un cartel que dijera: peligro, ruina.

 

Pero no todo en esta ciudad está en pésimo estado de conservación. En las afueras, en el Barrio de Belém, encontramos maravillas arquitectónicas sin parangón en todo el mundo: la coqueta Torre de Belém y el soberbio y espectacular Monasterio de los Jerónimos.

 

Figura 5.- Monasterio de los Jerónimos, claustro.

 

Es un verdadero orgullo para esta ciudad tener un complejo monumental de tal envergadura. El Monasterio de los Jerónimos (S. XVI y estilo Manuelino) se muestra como una inmensa montaña de piedra labrada con los más variados motivos. La iglesia, de grandísimas proporciones, nos da una lección de arte religioso portugués. Pero es el claustro, fascinante para cualquier ser humano que lo contemple, el que hará que jamás olvides este gran monumento.

 

Cerca del monasterio se encuentra el Monumento a los Descubrimientos (S. XX), que parece indicarnos que el agua que corre a sus pies, hace tiempo llevó a la mar a los más grandes viajeros de la historia portuguesa.

 

Figura 6.- Torre de Belém.

 

Pero es en la Torre de Belém, donde los paisajes naturales se mezclan en armonía con lo humano para proporcionarnos la fusión perfecta entre el arte y la naturaleza. Desde esta bonita fortificación se contempla la mejor panorámica del Puente 25 de Abríl. Y desde aquí, es el rincón perfecto para despedirse con un buen sabor de boca de Lisboa, la ciudad de la melancolía…

 

¿He dicho con un buen sabor de boca? Perdón, si quieres despedirte así de Lisboa no tienes que ir a la Torre de Belén, sino quedarte junto al monasterio para saborear en La Antiga Confeitaria de Belém los riquísimos Pasteis de Belém. Es entonces cuando nos despediremos con un buen sabor de boca.

 

Figura 7.- Pasteis de Belém.

                                           

 

                                                                                                                juanma

 

Todas las fotos están hechas por mi.

 

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Una respuesta a Melancólica Lisboa, grandioso Belém.

  1. Hari dijo:

    Siempre he sentido deseos de visitar Portugal. A veces, sin saber muy bien porq ué, sientes la necesidad -por llamarlo de alguna forma- de ver unos lugares concretos.Gracias por esta entrada, y gracias por confirmarme algo que interamente ya sabía. Lo hermosa que debe ser.Besitos.-Hari-

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